Alternativas a la inversión inmobiliaria (I). Fondos de inversión inmobiliarios

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Aunque la opción de invertir en un inmueble de manera directa puede ser interesante, existen diferentes riesgos asociados que se podrían paliar buscando otras alternativas de inversión. La compra directa de un determinado activo supone arriesgar una cantidad importante de dinero en una sola opción, por lo que tendremos que ser especialmente certeros escogiendo la ciudad y la zona donde invertir, así como la tipología de inmueble más adecuada para obtener una mayor rentabilidad por alquiler. De manera adicional, deberíamos añadir los problemas asociados a la morosidad en caso de tener la mala suerte de que nuestro inquilino no atienda a sus compromisos de pago.
 

Una de las mejores alternativas para quienes quieren tener presencia en el sector inmobiliario en sus carteras sin la necesidad de poner todos los huevos en la misma cesta son los fondos de inversión. Este producto financiero permite diversificar la inversión en distintos activos de diferentes partes del mundo al mismo tiempo con una inversión más reducida. Además, permite delegar la toma de decisiones en expertos que disponen de tiempo y conocimiento del mercado. Esta es una ventaja considerable frente a la compra directa de un inmueble, ya que esta supone tener que jugárselo todo prácticamente a una carta y confiar en que el activo escogido se comporte bien en términos de rentabilidad. 

Cuando hablamos de sector inmobiliario, estamos haciendo referencia a todos aquellos bienes que son aptos para el desarrollo de alguna actividad relacionada con la inversión en viviendas, locales o plazas de aparcamiento, entre otros.

Una de las mejores alternativas para quienes quieren tener presencia en el sector inmobiliario en sus carteras sin la necesidad de poner todos los huevos en la misma cesta son los fondos de inversión.

 

La inversión en el sector inmobiliario mediante fondos de inversión puede realizarse de dos formas: de manera directa en fondos que invierten en activos inmobiliarios destinados al alquiler, o de manera indirecta mediante fondos inmobiliarios que seleccionan valores bursátiles de empresas del sector inmobiliario. Dentro de los fondos de inversión directos podemos encontrar tres tipos: los de vivienda, los libres y los mixtos. Los de vivienda, como su nombre indica, van destinados a la adquisición de vivienda única y exclusivamente. Los fondos libres hacen referencia a aquellos fondos de inversión que disponen de determinadas restricciones en torno a su política de inversión. Por último, los fondos mixtos, que corresponden a inversiones en las que al menos el 50 % de los fondos aportados por los inversores se destina a la adquisición de viviendas.

El rendimiento que proporciona este tipo de fondos reside fundamentalmente en el arrendamiento de los propios inmuebles, cuyo beneficio va a venir generado por los ingresos derivados de dicho alquiler. Se trata de inversiones a largo plazo en las que los clientes invierten un capital y esperan obtener una rentabilidad con el paso del tiempo, acostumbrando a tener una volatilidad mucho más baja que la que obtendríamos mediante la inversión directa.

La supervisión de un asesor financiero es fundamental a la hora de incluir la inversión inmobiliaria y su porcentaje óptimo en una cartera de inversión.

 

La norma que rige los fondos de inversión inmobiliaria especifica que se deberá adquirir una cantidad mínima de inmuebles destinados al arrendamiento, y que dichos inmuebles no superen el 20 % de la cantidad total de capital del que dispone el fondo. La cartera de inversión podrá estar formada por viviendas, locales comerciales, plazas de aparcamiento, centros comerciales, oficinas o cualquier otro tipo de habitáculo destinado al desarrollo de cualquier actividad laboral o social con posibilidad de arrendamiento. El plazo mínimo de inversión en este tipo de fondos es de 4 años, existiendo comisiones de salida si se decide desinvertir antes del periodo estipulado.

La inclusión de la inversión inmobiliaria en una cartera de inversión es fundamental para obtener una descorrelación entre activos y, por tanto, una mejora de la diversificación de la cartera. Sin embargo, no es recomendable sin la supervisión de un asesor financiero que sea capaz de adoptar una visión global y perspectiva para decidir el porcentaje óptimo de inversión deseable.