El acceso al crédito y al 'crowdlending'

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En los últimos años ha habido un incremento muy grande en el uso del término Fintech, que proviene de la unión de las palabras finanzas y tecnología. Realmente, esta unión de conceptos no es nueva, ya que la industria financiera ha promovido la innovación desde sus inicios: pensamos en el uso del oro como método de intercambio en tiempo de trueques, la posterior adaptación a monedas y billetes; la introducción de cajeros automáticos y tarjetas de crédito para facilitar el movimiento de dinero, o el trading online para sustituir los brokers telefónicos. La diferencia ahora es que las compañías que promueven la innovación en el sector financiero no son los bancos tradicionales, sino compañías tecnológicas que creen poder ofrecer servicios concretos de manera más efectiva, como facilitar depósitos, pagos y transferencias, dar crédito a individuales o negocios, o el asesoramiento de inversión o trading, atacando una sola de estas actividades.

En el segmento de la financiación, estas nuevas compañías no han inventado ninguna tecnología disruptiva. Su propuesta de valor es simplemente hacer la vida más sencilla tanto a deudores como inversores.

Desde el punto de vista del deudor, cuando una empresa ha necesitado financiación, una de las pocas soluciones era acudir a una entidad bancaria. Las Fintech que entran en el segmento del crédito pretenden competir únicamente en alguno de los pasos del proceso de aplicación para la financiación. Al ser compañías con un foco tecnológico, su regulación es, al menos hasta ahora, más laxa y ofrecen una plataforma mucho más atractiva visualmente, permitiendo al solicitante enviar online toda la documentación requerida, mientras que tradicionalmente se debería ir al banco a llevar toda esta información en papel. El siguiente paso consiste en el análisis de los datos facilitados, en la aceptación o denegación de la aplicación y la asignación del tipo de interés en caso afirmativo. La superior capacidad tecnológica permite procesar estos datos y dar una respuesta prácticamente al mismo momento, acortando considerablemente el tiempo de espera requerido para una aplicación hecha a un banco. En cambio, al ser unas compañías centradas en el procesamiento de datos, no tendrán las capacidades para procesar los diferentes pagos involucrados en los préstamos, por lo que acaban recurriendo a un banco u otra Fintech del segmento de pagos para externalizar este servicio.

El otro gran factor diferenciador es la capacidad de partir estos préstamos en fracciones y ofrecerlos a potenciales inversores, inversión conocida como crowdlending (término inglés que significa préstamo multitudinario). Este término tiene sus orígenes en el crowdfunding, creado durante la década de los 90, cuando plataformas como Kickstarter comenzaron a promocionar proyectos que podías financiar durante la etapa de desarrollo a cambio de futuras recompensas.

A pesar de ser un tipo de inversión relativamente nuevo, el crowdlending ha revolucionado la manera de invertir para muchos particulares. Anteriormente alguien que quisiera invertir en crédito tenía dos principales opciones: Letras del Tesoro o fondos de inversión de renta fija. Una tercera opción son los bonos corporativos, pero requieren generalmente un importe mínimo de cien mil euros cada uno, y por lo tanto no es accesible para la mayoría de inversores. Esta explosión del crowdlending ha venido potenciado en gran medida debido a que los tipos de interés hace años que están en mínimos históricos y los inversores buscan desesperadamente activos que les den unas rentabilidades atractivas. No es de extrañar pues que de 2013 a 2018 el volumen financiado en crédito alternativo en Europa se haya multiplicado por diez veces.

Estas nuevas plataformas ofrecen la posibilidad de invertir con importes minúsculos de, por ejemplo, veinte euros. Este requerimiento tan bajo facilita que incluso los inversores con un patrimonio limitado puedan tener una cartera diversificada de préstamos. Existe además un amplio abanico de temáticas donde invertir mediante estas plataformas, ya sea préstamos a medianas empresas, inversiones en proyectos inmobiliarios, o préstamos personales, que según la tipología y calidad crediticia ofrecen rentabilidades generalmente en el rango del 4% al 10%. Cuando comparamos estas rentabilidades con las ofertas para la renta fija corporativa tradicional que pueden rondar, dependiendo del rating y vencimiento, entre el 0-4%, es fácil entender que un inversor particular se vea tentado a trasladar sus activos de deuda tradicional a inversiones en crowdlending. A raíz de la demanda por este tipo de activo han empezado a surgir fondos de inversión dedicados al crowdlending, que si bien terminan ofreciendo lo mismo que las plataformas aseguran un análisis más extenso de las plataformas que utilizan y hay un control en el riesgo de las inversiones. Hay que señalar, sin embargo, que estas inversiones se caracterizan por tener muy poca liquidez, menor información financiera del deudor, y generalmente menor calidad crediticia. Estos riesgos asociados adicionales hacen que estos activos no sean aptos para cualquier perfil de inversor.

Queda por ver cómo evolucionará la regulación de estas compañías en los próximos años, pero en una sociedad donde las nuevas generaciones tienen un sesgo muy claro hacia todo lo que es sencillo y digital, es bastante posible que las Fintech sigan creciendo.

Lo que si podemos asegurar es que la competencia siempre es buena y la aparición de las Fintech ya ha obligado a los bancos a ponerse al día y mejorar sus procesos y servicios.


* Marc Boixadera, Gestor de Fondos de Inversión de Vall Banc

Ver artículo publicado en el Diari d'Andorra