El sofisma de la pérdida total y el miedo al arrepentimiento

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En anteriores post hemos visto la aversión al riesgo y el miedo a obtener pérdidas. En el presente post hablaremos de un tercer miedo, que junto los otros dos, forman un cóctel condenado a que nos siente fatal nuestra cartera de inversión.

Un sofisma es un argumento falso o erróneo que se pretende hacer pasar por verdadero. El gran problema en el mundo de las inversiones no es mentir, sino mentirse a uno mismo, y cuando hacemos un razonamiento incorrecto por creer que por tener miedo a perder estoy tomando la decisión más sensata, hay una probabilidad alta que comentamos un grave error en nuestras inversiones.

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Un ejemplo muy habitual es la manera en cómo nos justificamos cuando el mercado está a la baja. Todo aquello que permite evitar una pérdida total se considera como válido, y es precisamente este tipo de actitudes las que nos llevan a pensar que lo más conveniente es no vender un título que ha bajado mucho porque, como ya se sabe, no se pierde en Bolsa hasta que uno no haya vendido. Hasta que no se vende, la pérdida sólo es “teórica”. Estas afirmaciones conllevan unas consecuencias de tipo práctico.

Por un lado, cuanto más perdemos en un valor, más fuerte será la tentación de mantenerlo, comprando más en muchas ocasiones con la esperanza de recuperar la posición inicial gracias a un rebote. Es entonces cuando nos decimos a nosotros mismos…”estoy bajando el precio medio de mis compras”.

Por otro lado, cuanto más reforcemos la posición que tenemos en una acción, más difícil será liquidarla o quitárnosla de encima. Al ir acumulando más minusvalía, resulta cada vez más difícil tomar la decisión radical de deshacer las posiciones y admitir que nos hemos equivocado.  Nos negamos a aceptar que todos los esfuerzos que hemos hecho han sido inútiles y surge el miedo a arrepentirnos de las decisiones tomadas.

Si el miedo a perder influye bastante en nuestras decisiones, el temor a equivocarse y tener que rectificar, también las determina. Al igual que sucede con las pérdidas, el arrepentimiento nos afecta dándonos una mala imagen de nosotros mismos.

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Por lo general, se suele dar preferencia al no hacer nada respecto a otras opciones posibles y tratamos de forma subjetiva las informaciones que nos llegan para evitar que desacrediten nuestras elecciones anteriores. En este caso, dejamos de lado esas acciones y surge otra frase de autoengaño bastante habitual; “es una inversión a largo plazo”.

Una vez compramos acciones, sobretodo si lo hemos hecho tras un proceso de decisión largo, surge un comportamiento bastante habitual. Una vez las tenemos desestimamos involuntariamente las noticias que llegan de esa empresa. Esta actitud es más exagerada cuando una vez hemos comprado las acciones, bajan de precio y pasa el tiempo habiendo comprado más acciones de la misma empresa.

Este comportamiento no es muy diferente del que nos pasa cuando compramos un coche o una casa, una vez hemos realizado la compra procuramos cuidadosamente no leer los anuncios de los modelos de otras marcas ni otras ofertas inmobiliarias. Defendemos a muerte la opción que hemos tomado aunque luego veamos que podríamos haber comprado más barato.

Y es que el arrepentimiento nos duele en el ego, y es precisamente este ego el que nos hace cometer muchos errores en materia de inversión. Por eso es importante el asesoramiento profesional independiente que nos ayude a tomar decisiones con menos carga de subjetividad y un distanciamiento emocional que nos permita analizar las opciones con frialdad.