La aversión a las pérdidas

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La economía conductual es la rama de la economía especializada en el estudio del comportamiento de los individuos y permite clarificar aquello que motiva las decisiones de los inversores. Esto permite explicar cómo las emociones interfieren en las decisiones que tomamos y especifica los vicios de los razonamientos más frecuentes.

 

En el anterior post hablamos sobre el miedo al riesgo, que junto al de las pérdidas son la base fundamental para comprender los comportamientos que tenemos a la hora de invertir nuestro dinero. La tendencia a comportarse de manera distinta cuando estamos en pérdida o en beneficio es tan aguda que las observaciones empíricas realizadas destacan que la aversión a las pérdidas, generan más de dos veces de insatisfacción en comparación con la alegría que obtenemos por la obtención de beneficios.

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El miedo a perder hace que tendamos a conservar más de lo normal aquellas inversiones en las que estamos perdiendo, ya que si vendemos un título con minusvalías para comprar otro y recuperamos la pérdida inicial, sentimos sólo la mitad de la decepción causada por la pérdida sobre el primer título. Por ejemplo, imagine una minusvalía de 100 euros seguida de una plusvalía de 100 euros conseguida por otro título, no equivale a un resultado nulo, sino a una pérdida psicológica de 50 euros. Este efecto se ha demostrado tanto si vendemos una acción para comprar otra, como si mantenemos la misma acción y es esta la que se recupera. Otro ejemplo del miedo a las pérdidas es el caso de estar perdiendo en una acción y no querer venderla por esa clásica escusa de “hasta que no venda no materializo la pérdida”.

 

Este comportamiento diferenciado que hacemos entre los títulos en beneficios y aquellos que están en pérdidas, se le denomina efecto disposición, y está comprobado a gran escala no sólo entre inversores particulares, sino también entre aquellos profesionales del mundo de la inversión. Pero ya hablaremos más adelante y con más detalle de este tipo concreto de sesgo

 

Este efecto de disposición es un sesgo extraordinariamente perjudicial para el inversor, y que debe mantener a ralla si no quiere tomar decisiones precipitadas.

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Las consecuencias prácticas del miedo a las pérdidas y caer en el efecto disposición es que se pueden conservar casi indefinidamente aquellas inversiones en las que estamos perdiendo, sin creer de verdad en su potencial de recuperación. Lo curioso del caso es que ya no creemos en ello pero, aún así, seguimos manteniendo la confianza…y las acciones!!. El otro aspecto relevante que emana de este sesgo es que nos negamos a invertir en inversiones arriesgadas, aunque la perspectiva de beneficios sea claramente positiva, solo porque hay posibilidades de perder, por lo que somos capaces de rechazar una inversión con un 50% de probabilidad de ganar 100 y un 50% de probabilidades de perder 60 aunque la perspectiva de beneficios sea de 20.

 

¡¡Cualquier cosa para no acabar en números rojos!!